¿Alguna vez te has preguntado por qué se requiere esfuerzo y constancia para lograr las cosas? Muchos de nosotros fuimos criados con la idea de que hay que hacer lo que sea necesario para ganarse el pan de cada día, sin importar si ese trabajo nos hace felices o cuántas horas de esfuerzo implique. Hasta cierto punto, hay algo de verdad en ello: para sobrevivir en este mundo, necesitamos estabilidad, y eso conlleva esfuerzo.
Sin embargo, cuando comenzamos un camino de crecimiento personal y espiritual, es natural cuestionar estas creencias. Se nos han vendido muchas ideas sobre el poder de la manifestación y la visualización, pero a veces se presentan de manera simplista, como si con solo desear algo intensamente fuera suficiente para que se materialice. La realidad es que nada llega por arte de magia. Lo que verdaderamente nos acerca a nuestros sueños es conectar con aquello que deseamos hacer desde el corazón y comprender el servicio que nuestra alma quiere entregar.
La acción consciente es la clave. Buscar nuestro propósito requiere entender que hay una realidad interna, pero también una realidad externa que puede influir en nuestras posibilidades. Por ejemplo, imaginemos a Juanita, quien vive en un país donde hay escasez de alimentos y un gobierno opresivo que mantiene a la población en la miseria. A pesar de que ella tenga grandes aspiraciones, su camino puede ser mucho más difícil que el de alguien que vive en un contexto con más oportunidades. Este es un hecho objetivo: cumplir con nuestro propósito depende tanto de factores internos como externos. Ser realista no significa perder la fe, sino comprender el terreno en el que nos movemos para actuar con mayor claridad y efectividad.
Dicho esto, cada persona vive una realidad distinta. Algunos pueden acceder a educación, tener hobbies, compartir con sus seres queridos y explorar diferentes caminos. La acción consciente empieza cuando reconocemos quiénes somos, en qué circunstancias nos encontramos y cómo podemos movernos dentro de ellas. Para alcanzar nuestras metas, primero debemos preguntarnos:
¿Qué quiero dar? ¿En qué soy bueno/a? ¿Cómo puedo aportar a la sociedad?
Al responder estas preguntas, ya habremos dado un primer paso hacia la acción consciente. No nos dejamos llevar por lo que está en tendencia ni por lo que otros nos dicen que debemos hacer. Aquí es donde entra la verdadera libertad creativa: elegir con el corazón si queremos emprender, trabajar en determinada área o desarrollar un proyecto que nos llene de sentido.
No se trata solo de sentir, sino de movernos con sentimiento.
✨ Con amor,
Michelle
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