En un mundo donde todo parece acelerado, ahí estamos los humanos intentando ir al mismo paso de lo que nuestros ojos perciben. Hacia donde dirigimos la mirada, ahí nuestra alma experimenta; ahí donde tocamos, nuestra alma siente la vida terrena.
La distracción nos hace pensar que todo va más rápido, pero eso es solo una ilusión de la mente. Nos hemos acostumbrado tanto a no estar en el momento presente, que parece que vivimos en una especie de carrera para ver quién llega primero, aunque no sepamos a dónde.
¿Realmente estamos percibiendo correctamente o hemos caído en una especie de hipnosis colectiva? Vivimos en una época donde, muchas veces, ni siquiera nuestro cuerpo físico nos resulta útil; decimos que amamos la soledad, cuando en realidad lo que sentimos es desconexión. Porque una persona que realmente se siente cómoda en soledad no busca llenar vacíos con estímulos virtuales —sabe que, cuando necesite compañía, puede visitar a un ser querido o a un buen amigo.
Muchos alardean de no querer compartir, pero cuando observamos las redes sociales, la historia es otra. Y no lo digo para juzgar, porque yo misma vivo en este mundo tecnológico y más de una vez me he cuestionado mis propias conductas. ¡Cómo nos mentimos a nosotros mismos!
Por eso es importante hablar de estos temas y hacernos conscientes de dónde estamos poniendo nuestra atención. Al reconocerlo, podemos hacer algo para modificarlo y encontrar un equilibrio entre la vida real y la virtual. No se trata de alejarnos completamente de la tecnología, sino de convivir con ella de manera más consciente.
Te invito a que esta semana practiquemos —si así lo deseas— soltar un poco la necesidad de estar sumergidos en lo virtual y abrirnos a la experiencia que la vida nos ofrece: limpiar con calma, caminar, mirar a las personas a los ojos, observar tu hogar y notar qué te gustaría cambiar. Haz aquello que por tanto tiempo has dejado de lado “porque no tienes tiempo”.
Cualquier cosa que sea pausada y relajante te ayudará. Tu mente y tu cuerpo necesitan ir más despacio.
La atención plena, o Mindfulness, puede ser una gran aliada en este proceso.
Permítete simplemente estar, sin prisa, sin ruido. Ahí también habita la vida.
Con amor, Michelle Rojas
