No es solo aceptar la luz…
Desde hace un tiempo vengo reflexionando sobre el despertar de consciencia y las implicaciones que puede tener en nuestro bienestar emocional y mental. Es importante comprender lo que conlleva entender la realidad desde un punto de vista quizá disruptivo, uno que rompe por completo con el orden establecido. Y es aquí donde puede surgir el conflicto: esta experiencia de conexión y apertura también puede llegar a generar malestar. Por ejemplo, sentimientos de soledad, falta de apoyo, aislamiento, superioridad, entre otros.
Lo primero que, desde mi punto de vista, deberíamos observar es cómo nuestra conducta cambia cuando adquirimos nueva información. Hagamos un ejercicio simple: lleva tu mente por un momento al pasado y conecta con el adolescente que eras. ¿Cómo actuabas? ¿Cómo te sentías cuando alguien te ofendía? ¿Cómo te sentías cuando alguien te gustaba? ¿Cómo te llevabas con tus padres?
Quizás recuerdes y hasta puedas conectar con las emociones de esos momentos, pero a lo que quiero llevarte es a esta pregunta: ¿recuerdas el momento en el que comenzaste a actuar como un adulto? ¿Qué cambió? ¿Tu forma de hablar, la vestimenta, tus reacciones, tus amistades? Probablemente vas a decir que muchas cosas cambiaron y que es normal que esto pase. De modo que estaríamos de acuerdo en que el cambio es inevitable.
En este caso, el conocimiento, aunque en principio debería hacernos libres, también podría llevarnos a una crisis si no logramos sostenerlo. Hay muchos ejemplos en la historia de personas que lograron demostrar verdades y que, por esa causa, fueron condenadas. Podemos mencionar, por ejemplo, a Galileo Galilei, quien defendía la teoría copernicana, la cual afirmaba que la Tierra se mueve alrededor del Sol. Aunque fue advertido por la Iglesia romana, de todos modos divulgó ese conocimiento y, por esto, fue condenado por herejía y obligado a retractarse.
Aunque en ese caso él se retractó para sobrevivir a su tiempo, esto no está lejos de suceder en el nuestro. De hecho, pasa más de lo que creemos. Vemos cómo muchas personas tienen un conocimiento que es sano y que puede ayudar a muchos, pero por alguna razón es censurado o, algo que pasa con más frecuencia, no despierta el interés de la mayoría. Vivimos en la era de la información y, a la vez, de la desinformación.
Quiero aclarar, antes de continuar, que no estoy defendiendo a quienes traen información incorrecta. Sin embargo, es evidente que muchas veces quienes aportan un valor que nos puede ayudar como humanidad terminan siendo silenciados o empujados a un rincón de la red. La propaganda y la lucha por quién tiene más vistas está generando en muchos una falta de conexión con quienes somos en esencia. No digo que esté mal el uso de la red, pero no nos estamos dando cuenta del hoyo de indiferencia en el que estamos cada vez más sumergidos. ¿Será que encontraremos un equilibrio? La verdad, no lo sé.
No es solo aceptar la luz, pues esto conlleva aceptar que, como humanidad, también cargamos con la sombra; es decir, con aspectos oscuros y difíciles que nos cuesta ver e incluso aceptar. No hablo solo de la oscuridad en los otros, porque claro, es más fácil echarles la culpa a los demás. Más bien hablo de aquello que se encuentra en cada uno de nosotros, de lo que es complicado y, sobre todo, de aquello que duele mirar.
Aceptar la luz es también aceptar que no siempre todo estará bien, que nuestro camino en este mundo tendrá dificultades y que la transformación es inevitable. Y esto lo digo no para que conectemos con el miedo a vivir y a ser felices, sino para que conectemos con la conciencia de lo que es el mundo natural. Muerte, destrucción, nacimiento, ciclos, diversidad… son tantas las cosas que podemos mencionar y que están ante nuestros ojos.
La divinidad ha sido tan sabia que los mensajes nos los proporciona a través de nuestro propio cuerpo y de nuestras necesidades básicas, por medio de los animales, las plantas, los planetas y todo lo que puede ser perceptible a nuestros ojos. Ahí está la vida: caótica, preciosa y tenebrosa. Nosotros somos eso y ella está en nosotros. Como es dentro, es fuera. Los seres no humanos viven en armonía con la naturaleza y nosotros, aunque en algún momento estuvimos más apegados a ella, nos hemos desconectado de los mensajes que nos transmite. Todo nos habla. Es un diálogo que solo se entiende con el corazón.
El mensaje que te quiero transmitir es que, si bien es maravilloso poder adquirir conocimientos que nos lleven a mirarnos a nosotros mismos y a la realidad que vivimos, lo que considero clave es que seamos conscientes de que esta realidad es compleja, que el camino es distinto para todos y que cada uno está viviendo su propia experiencia con sus matices.
Crear nuestra realidad es posible cuando logramos conectar con nuestra magia interior y cuando comprendemos que somos parte de lo divino. Entendiendo esto último, tendremos la fuerza para vivir en este mundo lo mejor que podamos; no perfectos, pero sí con excelencia. Recordando que vivimos dentro de un mundo donde, como humanos, hemos construido sistemas de creencias que, por un lado, creemos que mantienen el orden, pero por otro, debemos tener cuidado de no caer en la total esclavitud.
Estas estructuras que hemos creado como sociedad permanecen por un tiempo, hasta que ya no se pueden sostener y necesitan ser transformadas. Por esto mismo, es importante vivir la vida, ser responsables y estar atentos a nuestra intuición y a lo que sucede a nuestro alrededor para estar preparados. Así es como podemos hacer justicia, saber cuándo estamos listos, ser amorosos, pero también tener conocimiento y práctica de las técnicas de supervivencia y defensa. Y esto se logra con una mente clara y un corazón abierto a las señales.
Los cierres de ciclo no siempre se ven venir, pero podemos, a través de la preparación, estar listos para el aviso. La sabiduría no llega por arte de magia; se vive, se experimenta y se integra en el momento adecuado. Mientras tanto, reconoce lo divino en ti y en lo que te rodea. Reconoce lo bueno y lo no tan bueno. Recuerda que estás viviendo una experiencia única, curiosa, cambiante y creativa.
No es solo aceptar la luz.
Att: Michelle Rojas Holística
